DIA 2- REFUGI PLA DE LA FONT (2000 MSNM)-GUINGUETA D'ANEU (950 MSNM)- ALTO DEL MONT CAUBÓ (2300 MSNM)
Madrugamos a las 6,30h. Amaneció un día espléndido, y después de desayunar y hacer las fotos de rigor, comenzamos ruta hacia Jou, bajando por una pista forestal de unos 8 km. La primera parada en Jou sirvió para hacer un pequeño desayuno y proseguir el descenso hasta la Guingueta, a la que llegamos sobre las 12.
A partir de aquí la cosa se ponía chunga, porque teníamos que subir al Mont Caubó para descender del otro lado a Estaon, nuestra parada teórica. Llegamos sin demasiados problemas a media subida, hasta el pueblo abandonado de Dorbe, donde encontramos una fuente donde llenar cantimploras y paramos para comer. Sin embargo, la cosa se puso realmente peluda. Estalló una auténtica galerna en la cima del Caubó y los rayos, viento, granizo y diluvio que se derivaron fueron acojonantes. La verdad es que aun estando a refugio, quedamos pronto empapados y la calle donde habiamos parado se convirtió pronto en un riachuelo. Lo peor los rayos, que petaban muy cerca.
Cuando amainó, más de una hora después, nos dispusimos a continuar la marcha. Tal vez gente más experimentada en montaña y su meteorología se hubieran dado media vuelta, pero nosotros acabábamos de hablar con tres vascos que bajaron la montaña en plena tormenta. Nos dijeron que nos quedaban un par de horas hasta la cima y luego hora y media para bajar al pueblo. Parecía asequible, aunque todavía llovía y se escuchaban truenos por el valle.
Lo peor comenzó entonces. El GR a partir de Dorbe hasta la cima del Caubó es confuso, escasean las marcas y mojones y al final tuvimos que subir montaña campo a través. Cuando por fin retomamos la senda por el lugar correcto, creíamos que quedaba poco para inicar el descenso, pero nada más lejos de la realidad. Todavía había que subir un buen trecho por la cresta cubierta de bosque. A todo esto, llevabamos 18 km caminados y un desnivel acumulado de 2000 metros. Cargados como estábamos, llegó el momento en que miembros de la expedición no pudieron dar un paso más. Literalmente.
La lluvia nos estaba desquiciando y por si fuera poco, cuando realmente llegó el momento de descender, las marcas volvieron a desaparecer. La luz escaseaba y los del albergue al que teníamos que llegar nos aconsejaron que sacáramos las tiendas y pasáramos la noche en la cima lo mejor que pudieramos. El descenso era peligroso y había bancos de niebla espesa subiendo por la ladera de la montaña. Bancos de niebla que al cabo de poco nos envolvieron. En fin, arriba de la montaña, con toda la ropa mojada y los sacos de dormir medio empapados, y el fresco de la altura, montamos las tiendas lo mejor que pudimos, alejadas de los árboles y rocas más cercanos, sacamos el camping-gas y cocinamos una sopita que por lo menos nos quitó la impresión de frío. Solo quedaba tratar de dormir lo más secos posible y rezar para que no volviera la tormenta en plena noche. El frío, la humedad y la incomodidad, sumados al canguelo de si volvería el mal tiempo casi no nos dejaron pegar ojo. Por fortuna la tormenta no volvió, y al día siguiente podimos reemprender la marcha. Aunque las sorpresas desagradables no han terminado.
jueves, 13 de agosto de 2009
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