jueves, 30 de abril de 2009

Póker de entrecots

Como sabéis, la semana pasada se nos jodió el congelador y tuvimos que tirar un montón de comida. De entre esa comida, más que al carísimo pescado, le tenía especial cariño a dos entrecots que compré y congelé para alguna ocasión especial. Por desgracia, el congelador murió antes de que llegara esa ocasión.

Ayer era el partido del Barça y decidí quitarme el mono de entrecot. Fui al Bonarea a comprar dos entrecots más, porque los venden en bandejas de dos, y me zampé uno viendo el partido. El Barça jugó cansado y el Chelsea apretó, pero oye, con un entrecot entre pecho y espalda el fútbol te importa bastante menos.

Así pues, quedaba un entrecot por casa. Estas cosas no duran demasiado, y teniendo en cuenta que el viernes ceno en casa de JordiC y el finde en Vilanova, sólo queda el jueves para finiquitar la segunda pieza.

Y ahora llega lo bueno. Hoy hemos hecho una cena de despedida a Rebeca, una postdoc del trabajo que se marcha a los UK un tiempo y luego vuelve a su Galicia querida. Para celebrarlo, hemos cenado en un gallego: de primero tapas y un segundo a elegir. He mirado la carta y lo único decente eran entrecots. Entrecots al roquefort, a la brasa, con salsa de café, con salsa de jamón, a la pimienta. Miles de entrecots pero entrecots al fin y al cabo.

Le he dado vueltas al melón. He pensado incluso que mi dilema era digno de Angus: ¿cenaría entrecot tres días seguidos? Luego he pensado que era algo gracioso y que lo escribiría en el blog a las tantas de la mañana mientras me hacía la digestión del entrecot que aún no había pedido siquiera. Finalmente he pensado «¡qué coño!» y he pedido el entrecot con salsa de jamón. Más vale hartarse de comer entrecots que de comer acelgas.

Ya os contaré si mañana he podido vencer al entrecot que tengo en la nevera o he tenido que sucumbir a una ensaladita y arroz. Por el momento tengo planeado comer con tiento y luego petarme en el gimnasio, aunque lo que da más hambre es el jacuzzi, hecho contrastado científicamente. Si alguna vez un hombre ha de aborrecer el entrecot, ¡por dios! que ese hombre sea yo.


Para acabar, os preguntaréis ¿por qué póker si sólo he hablado de tres entrecots? Pues porque, amigos, el de hoy valía por dos. It's huuuuge. Angus, va por usted.

sábado, 25 de abril de 2009

Houston, tenemos un problema

¿Qué sucede cuando vas a la Sirena y te gastas 30 euros? Pues que pasan 3 días y se estropea el congelador. Sí, como lo oís.

La semana pasada fui a comprar comida para varios días, especialmente congelados. Varias piezas de pescado (merluza, rape, atún y salmón), verduras, pollo e incluso un par de entrecots que me pensaba zampar con mucho gusto. Sin embargo, Murphy no ha querido darme tregua, y el miércoles se nos cascó el congelador.

Ya llevaba un par de días que no enfriaba demasiado, así que le metimos caña. El miércoles por la noche fui a sacar algo de verdura... y vi que el pescado se estaba descongelando. Efectivamente, el congelador se había roto.

Después de hacer un inventario de toda la comida disponible, planifiqué una estrategia culinaria para no tener que tirar nada. Básicamente consistía en comerme casi todo el pescado el primer día, los entrecots el segundo y cocinar el resto para irlo comiendo a base de tupers. En fin, sólo habría que tirar la verdura, pero algo es algo.

Ay, pero la cosa no acaba allí. El mismo miércoles no iba muy bien de vientre y el jueves amanecí con gastroenteritis. Teniéndome que alimentar a base de patata hervida y arroz, el plan para salvar la comida no resultaba muy fiable. Con todo el dolor de mi corazón y de mi bolsillo tuve que tirar a la basura un montón de comida que estaba en buen estado (al menos por un par de días) pero que no me podría comer. Jordi también iba a estar fuera el fin de semana y además tenía comida suya en el congelador, y tuvo que hacer lo mismo.

Y así, ahora resulta que tenemos un congelador que no funciona y todas las reservas de comida en el container de la esquina. Ahora habrá que planificar la semana que viene únicamente con la nevera y unos horarios que no nos permiten precisamente ir cada día al mercado a comprar la comida fresca.

Omito explicar cómo se fueron a tomar por culo todos los planes del viernes en adelante por culpa de la gastroenteritis, incluyendo la pila de trabajo que tengo.

Shit happens.

(Como me da rabia repetir cien veces la palabra congelador porque no he encontrado sinónimos, he recordado que en inglés es "Freezer", así que os pongo una foto suya en una de las muchas veces que mata a Krilín)

Parece que Krillín también tiene problemas estomacales; en concreto, la carencia de estómago.

martes, 21 de abril de 2009

Cholopowers.

Breve reflexión que me ha asaltado esta tarde, estando de compras en una de esas tiendas de ropa para muchachuelas adolescentes.

El caso es que acompañando a Neus a mirar algo de ropa, en determinada tienda de la calle Caputxins que no mencionaré, nos hemos encontrado a un par de garrulas. Lo que llamariamos unas cholas. Una por lo menos se llamaba Jessy (siempre me he preguntado si lleva dos esses y acaba en y). Sea como sea, se estaban mirando ropa y comentando, os lo juro, con que vestido quedarían más pendonas en la discoteca.

Chola 1- Que te parece este vestido blanco? Me queda un poco justo.
Chola 2- No podrás bailar mucho, pero te van a venir todos los tios como moscas.

En ningún momento vi el vestido, porque uno es discreto y se quedó fuera esperando a que Neus se provara las piezas de ropa, pero me puedo imaginar que el escote no dejaba mucho a la imaginación.

Cuando ya se marchaban, escuché la frase que me dió que pensar:

Chola1- Joder tia, el otro día me viene una super chola a decirme que le de un cigarro...

Superchola? Y que lo diga precisamente ella? Mi mente no es capaz de concebir tal cosa. Una chola más chola todavia... una chola al cubo. No, de verdad que una superchola tiene que ser algo de otro mundo, todo un espectáculo. Con superpoderes.

Y no deberían existir muchas, porque tanto garrulismo concentrado es peligroso. Imaginate dos de estas en una misma habitación.... implota el universo, se reverte el concepto de entropía, la hecatómbe.

Si algún día tengo la fortuna (o desgracia) de toparme con una super chola, me pregunto si sabré reconocerla. LLevará una S estampada en el top?

jueves, 16 de abril de 2009

La lista con las listas de la compra

Ser informático obliga a tu cerebro a optimizar al máximo todas las tareas que realizas. Si, además, tienes que comprarte tú la comida y demás historias y vuelves todos los días a las mil, la cosa se pone fea de verdad.

Tengo la enorme suerte de que al piso le rodean varios establecimientos: un Caprabo, la Sirena, Bonaria, un par de verdulerías, una panadería de verdad y un bazar chino más grande que el Camp Nou. El problema son los horarios comerciales; la mayoría de tiendas abren a las 9, descansan para comer y cierran entre las 8 y las 9. Yo suelo salir de casa poco antes de las 9 y llego sobre las 9 y media de la noche, los sábados estoy en Vilanova y los domingos... bueno, los domingos todo está cerrado.

Podría levantarme antes, pero eso no soluciona el problema, ya que las tiendas aún no han abierto. También podría volver antes, pero eso implica saltarme el gimnasio y volver con el estrés en el cuerpo. Al final, voy combinando algún día al que voy antes al gimnasio con otro en el que voy de compras a las 9 de la mañana y llego un rato más tarde a trabajar. ¡Luego recupero las horas, malpensados!

He comentado varias veces con JordiC (para diferenciarlo de JordiM, mi compañero de piso) que la alternativa de comprar online es aún peor, porque tienes que estar en casa durante un horario indefinido. Aunque puedas elegir más o menos un horario de 8 a 10, eso implica que quizá te tienen hasta las 10 de la mañana esperando. Recogerlo en tienda tiene el mismo problema anterior: las tiendas están cerradas.

Otro día postearé sobre los problemas de comprar para uno solo, cocinar con sobras, gestionar la comida en el congelador y qué pasa cuando se pudre la comida en las estanterías. puajjjj

viernes, 10 de abril de 2009

Curso CCC de construcción de haimas

Por petición popular...

Objetivo: Secar la cubierta del sofá, de un tamaño aproximadamente de 1/10 campos de fútbol (unidades del Sistema Nacional)

Restricciones: La cubierta no puede tocar la bici o el suelo, porque se ensucia. La cubierta no puede cubrir el resto de la ropa, ya que entonces no se secaría bien. La cubierta debe de estar lo más extendida posible para ayudar a su secado.

Materiales: Una sissí medio ocupada, varios salientes de una habitación, colgadores infinitos. Pinzas de tender la ropa.

Resultado:



Hoy toca limpieza

(Notaréis que el artículo de hoy es más largo y, creo, más inspirado. Es que yo pensaba que era más tolerante a la cafeína de lo que resulto ser, parece que el café de después de cenar me ha sobrado. Gracias, señor Marcilla.)

Hoy han venido a cenar al piso Casi y Neus. Cuando uno se trae gente a casa de sus padres no hay demasiado de qué preocuparse: la nevera suele estar llena, el suelo limpio y, en caso de imprevistos, siempre se puede salir del paso. Pero ¡ay! cuando estás en el piso, y más todavía si hace pocos días del traslado, ser un buen anfitrión no es demasiado fácil.

Esta mañana al llegar al trabajo he visto un correo de las chicas de administración que rezaba más o menos «quien quiera largarse a las dos de la tarde es libre para ello». Nosotros no hemos sido tan estrictos, pero dado que éramos poca gente en el despacho, hemos montado una comida colectiva* para ahuecar el ala poco después del break.

Total, que sobre las cuatro ya tenía toda la faena acabada y me he vuelto para casa. Tras pasar por un bazar chino que hay al lado del piso para comprar varios trastos, a las cinco de la tarde me he plantado allí sin nada que hacer, y he decidido pasar la escoba y la fregona por el piso.

Pese a que todo está más o menos decente, no perdemos demasiado tiempo limpiando. El polvo se acumula como en cualquier otro hogar, ni más ni menos. Sólo que en nuestro piso se forman unas enormes bolas de polvo y pelos (¡pero si los dos tenemos el pelo bastante corto!) que se esconden bajo las patas de las mesas, en las esquinas, debajo de los armarios e incluso, en ocasiones, se aventuran hasta mitad del salón, donde normalmente las agarramos con la mano y las tiramos a la basura.

Así pues, sobre las cinco de la tarde he enchufado el ipod al equipo de música y me he puesto a menear el mango... de la escoba. No he querido meterme demasiado en profundidad, y he ignorado completamente los bajos de algunos armarios, la parte de detrás del sofá y otras zonas poco accesibles. Sin embargo, al acabar con el salón había una masa de polvo tan enorme que casi no cabía en el recogedor. Nos hemos presentado; la he bautizado como Vicky en honor a la peli de Woody Allen y la he tirado a la basura junto con sus congéneres, no sin antes tomarle una foto de recuerdo.



Me saltaré los detalles pero, en fin, que he pasado la escoba a todo el piso. En algunas zonas notaba la resistencia del polvo, ya casi solidificado, mientras que en otras iba descubriendo que el color original del suelo no era el que se veía hasta hace unas horas. El gres es muy putas, porque disimula la suciedad, pero a la hora de barrer no sabes qué está limpio y qué está sucio.

Al poco rato, Vicky se ha reunido con Isabel, la enorme bola que tenía bajo la cama. Por un motivo que no entiendo, cuanto más tapada está una área, más polvo acumula. Isabel me recordaba a la Reina Católica, al menos en volumen, y así se ha quedado. Llegado a este punto, he decidido no nombrar más a las bolas de polvo y pasar la fregona.

La fregona no tiene secretos; además, en mi piso se crean unas corrientes de aire que secarían el Atlántico en diez minutos. Cubo lleno de agua, chorrito de lejía y dos tapones de jabón. En un plisplás ya tenía el piso fregado y el agua del cubo de color negro, como si hubiera estado fregando las minas de Almadén. Cosas de barrer y fregar una vez al mes.

En fin, que el piso no estaba mal, pero ha quedado aún mejor. Como os comentaba, el siguiente paso es ir a comprar comida, porque con medio pan de pagès, un trozo de fuet y varias cervezas no cenan tres personas. En el Caprabo nos hemos aprovisionado de pollo, verduras y ensalada y hemos preparado una cena que ríete tú de Ferran Adrià: Ensalada variada con sardinas en escabeche y pollo a la plancha con sanfaina. Rico, rico.

La cena

Para acabar, nos hemos tomado el café que os ha ofrecido este post, hemos inaugurado la botella de White Label con mucha moderación y hemos escuchado música con el Spotify. Ahora que lo pienso, en toda la noche no hemos escuchado ni un anuncio, curioso. Hemos acabado mirando vídeos de youtube, el episodio del domingo de American Dad! y luego ellos se han marchado con el señor Renfe.

Unos caballeros

A ella le gusta la ca-fe-ína
Dame más ca-fe-ína

Una foto de Neus, para acabar

Neus

El resto, en Flickr

Me voy a leer algún paper experimental de DNA, a ver si me quedo sopa. Joder, si sólo de pensar esta broma ya se me cierran los ojos. Bona nit.



* Comida colectiva: Dícese de juntarse los cuatro gatos del despacho para ir a comer, en lugar de dividirse en los grupos habituales. La comida propiamente dicha consiste en ir a un restaurante a comer de menú.

miércoles, 8 de abril de 2009

El gran hermano te vigila

Por si no tuviéramos poco con las cámaras de seguridad en locales, calles e incluso el Google Street View, la invasión de la privacidad ha llegado ya al propio hogar. Señores, estoy hablando de las mamás con webcam.

La tecnología está facilitando la comunicación hasta un extremo nunca imaginado hace unos años. Desde la generación de nuestros padres, que llamaban a casa una vez a la semana como mucho, hemos pasado a tener móvil, internet, webcams y miles de formas para que sepan que estamos bien.

Hoy día, cualquier Rodríguez que no sabe cómo hervir el arroz puede abrir una conferencia de Skype con su madre, poner el portátil encima de la nevera apuntando a los fogones y ponerse a discutir de cocina durante casi una hora.

Ojo, no os penséis que todo es malo. Mientras iba y venía para coger cacerolas y sacar comida de la nevera, mi madre me iba indicando «¡cuidado que se sale el arroz!» «¡dale la vuelta que se quema!» «pues en casa no cocinabas» y cosas así.

Su cara a pantalla completa encima de la nevera, observándome por encima del hombro y lanzando consignas culinarias aumentaba aún más la impresión de que me estaba hablando Dios desde lo más alto.

Mamá, sé que lees este blog. Yo seguiré escribiendo como si no lo supiera, ¿vale? Besos.

martes, 7 de abril de 2009

Desfecho el entuerto de las patas del somier

Me he dado cuenta de que lo que más os mola son las fotos, así que voy a ir subiendo las chorradas que vaya fotografiando.

Bueno, al grano. Seguramente recordaréis mi cama punki en la que estaba durmiendo estos días. Había varios problemas, como el secado de las sábanas y el de las patas del somier. Las sábanas se secaron al día siguiente, como era de esperar, así que irónicamente lo que trajo más tela fueron las patas metálicas (ja-jo-ja-jota)

Mi somier tiene una sección de 4x2,5 centímetros, una medida nada estándar. Hay patas de 2,5x2,5, 3,5x2x5 o incluso 3,5x3x5, pero no de la medida que me interesa. Finalmente, después de dar vueltas por muchos sitios, un distribuidor de camas me encontró unas patas de 4x3, más grandes de lo que necesitaba pero que pensé en arregar al modo McGyver.



Hoy me disponía a colocarlas y, como podéis ver, no ajustaban bien. Quizá con un trozo de madera o de tela, para que ajuste y agarre... y entonces vi tirados unos cartones que venían con las sábanas. ¡Tijeretazo al canto y p'adentro!


Un par de recortes...



¡Ya está encajado! Ahora queda colocar las sábanas, la manta y la colcha:





Alguien va a dormir de puta madre esta noche en su cama de 1,35

(Diseño de la cama: Mi Madre S.A.)

Moraleja: Niños, no tiréis nada hasta que todo funcione completamente. Y no hay nada malo en dormir con cartones, mientras éstos hagan de ajuste en las patas y no los tengáis por encima.

lunes, 6 de abril de 2009

Montañaaas nevaaadaaasss

Ayer disfrutamos de una agradable excursión en el Pedraforca. La idea inicial era llegar hasta donde pudiéramos, dado que la cantidad de nieve en estas fechas aun era importante. Sin grampones ni piolet, había pasajes bastante arriesgados.





Intentamos ascender por la ruta tradicional, pero al ser la vertiente norte, la cantidad de hielo y nieve nos hizo retroceder. Por la vertiente sur (la tartera), nos permitió llegar hasta la enforcadura, entre los dos picos. El problema es que ya llegábamos tarde, y encima en la cima empezó a llover, así que tuvimos que volver sin hacer pico. Para la pròxima ocasión. De todos modos, lo pasamos estupendamente. Me muero de ganas de que llegue el verano para ir de ruta por el Pirineo.



jueves, 2 de abril de 2009

Viviendo por ahí

Mucha gente me ha sugerido que abra un blog para explicar las chorradas que me pasan en el piso nuevo, y he pensado que una buena forma de animar los Spanish Primos es precisamente ir publicando aquí todas las novatadas que voy sufriendo, que para eso somos unos Primos.

Irse a vivir por ahí tiene un problema principal, y es que has de poner en práctica las mil horas de tetris para cuadrarte los horarios. Algunos piensan que lo peor de vivir fuera es que no está tu madre para lavarte la ropa, pero las faenas de casa no son para tanto. Lo que sí es para tanto es no caer en el tiempo que dura cada tarea...

Los informáticos tenemos mucha experiencia en optimizar tareas. Desde pequeñitos ya nos enseñan que si tardas cinco minutos en preparar un programa X que tarda dos horas en ejecutarse, y una hora en preparar Y que tarda cinco minutos, es mejor hacer primero X y ejecutarlo antes de ponerse a hacer Y. En la vida real, esto se traduce en que es mejor gastar dos minutos en poner una lavadora que tarda media hora, cenando de mientras, en lugar de invertir el orden y que esté centrifugando a la una de la mañana.Hablando de lavadoras. Lo primero que hago al llegar a casa es vaciar los bolsillos encima de la cama, por aquello de poner la ropa para lavar y que no se me estropeen los billetes de 500 euros que no tengo. Pero, ¿qué pasa cuando te cambia el entorno y no tienes cama?

Pues pasa ésto:En fin, suerte que era una T-10 de una zona y le quedaban sólo cinco viajes. La he guardado como recuerdo.

Hablando de camas, esta foto resume la esencia de lo que es un piso de estudiantes


Para llegar a esta foto se han de dar varios factores, a saber. Primero, que los somieres no tienen un puto tamaño estándar. Segundo, que cuando intentas aprovechar las patas de un somier para usarlas en otro, tendrás más problemas que intentando abrir un powerpoint con el bloc de notas. Tercero, que las sábanas se han de lavar antes de estrenarlas si no quieres quedarte de color verde. Cuarto, que el tiempo de secado de estas sábanas es diferente de cero. Quinto, que no es factible dormir en una cama que tiene las sábanas húmedas.

Así que llegamos a la Primada final de estos días: jugar al tetris en un medio físico, tendiendo dos juegos de cama de 180x135 en una sola sissí en un piso de sesenta metros cuadrados. McGyver igual lo hubiera conseguido con un clip y un chicle, pero yo monté todo un poblado jipi, con sábanas colgando de los armarios, mesas, sillas e incluso de una escalera metálica. Lástima de no haber sacado una foto de ello, era para ver.

Pero bueno, que tampoco es para tanto. Igual estos últimos meses que me he pasado de viaje por mil congresos y retreats me han servido para curtirme en medios hostiles, pero de momento la cosa va mejor de lo que me esperaba. Os podría explicar lo chungo que es moverse por el tren y metro con una maleta enorme llena de trastos y que pesa una tonelada, pero eso mejor se lo preguntáis a algún minusválido, que los accesos a Sants dan vergüenza. Tiene mejor accesibilidad la parada del metro de Camp de l'Arpa, donde sólo viven cuatro viejos, que la estación con más tráfico de toda Catalunya.

En fin, no soy demasiado amigo de ir explicando mi vida, pero si me pasa algo gracioso ya lo iré contando, todo sea por animar el blog. También insto a Angus para que escriba las cosas que le pasan a él, porque la historia de la rata y la Mu era buenísima. Y qué decir del inspector de basuras de Noel...

Os dejo, que he de ir a comprar pan o esta noche cenaré fuet y chorizo sin acompañamiento. ¡Viva el tetris!