(Notaréis que el artículo de hoy es más largo y, creo, más inspirado. Es que yo pensaba que era más tolerante a la cafeína de lo que resulto ser, parece que el café de después de cenar me ha sobrado. Gracias, señor Marcilla.)
Hoy han venido a cenar al piso Casi y Neus. Cuando uno se trae gente a casa de sus padres no hay demasiado de qué preocuparse: la nevera suele estar llena, el suelo limpio y, en caso de imprevistos, siempre se puede salir del paso. Pero ¡ay! cuando estás en el piso, y más todavía si hace pocos días del traslado, ser un buen anfitrión no es demasiado fácil.
Esta mañana al llegar al trabajo he visto un correo de las chicas de administración que rezaba más o menos «quien quiera largarse a las dos de la tarde es libre para ello». Nosotros no hemos sido tan estrictos, pero dado que éramos poca gente en el despacho, hemos montado una comida colectiva
* para ahuecar el ala poco después del break.
Total, que sobre las cuatro ya tenía toda la faena acabada y me he vuelto para casa. Tras pasar por un bazar chino que hay al lado del piso para comprar varios trastos, a las cinco de la tarde me he plantado allí sin nada que hacer, y he decidido pasar la escoba y la fregona por el piso.
Pese a que todo está más o menos decente, no perdemos demasiado tiempo limpiando. El polvo se acumula como en cualquier otro hogar, ni más ni menos. Sólo que en nuestro piso se forman unas enormes bolas de polvo y pelos (¡pero si los dos tenemos el pelo bastante corto!) que se esconden bajo las patas de las mesas, en las esquinas, debajo de los armarios e incluso, en ocasiones, se aventuran hasta mitad del salón, donde normalmente las agarramos con la mano y las tiramos a la basura.
Así pues, sobre las cinco de la tarde he enchufado el ipod al equipo de música y me he puesto a menear el mango... de la escoba. No he querido meterme demasiado en profundidad, y he ignorado completamente los bajos de algunos armarios, la parte de detrás del sofá y otras zonas poco accesibles. Sin embargo, al acabar con el salón había una masa de polvo tan enorme que casi no cabía en el recogedor. Nos hemos presentado; la he bautizado como Vicky en honor a la peli de Woody Allen y la he tirado a la basura junto con sus congéneres, no sin antes tomarle una foto de recuerdo.

Me saltaré los detalles pero, en fin, que he pasado la escoba a todo el piso. En algunas zonas notaba la resistencia del polvo, ya casi solidificado, mientras que en otras iba descubriendo que el color original del suelo no era el que se veía hasta hace unas horas. El gres es muy putas, porque disimula la suciedad, pero a la hora de barrer no sabes qué está limpio y qué está sucio.
Al poco rato, Vicky se ha reunido con Isabel, la enorme bola que tenía bajo la cama. Por un motivo que no entiendo, cuanto más tapada está una área, más polvo acumula. Isabel me recordaba a la Reina Católica, al menos en volumen, y así se ha quedado. Llegado a este punto, he decidido no nombrar más a las bolas de polvo y pasar la fregona.
La fregona no tiene secretos; además, en mi piso se crean unas corrientes de aire que secarían el Atlántico en diez minutos. Cubo lleno de agua, chorrito de lejía y dos tapones de jabón. En un plisplás ya tenía el piso fregado y el agua del cubo de color negro, como si hubiera estado fregando las minas de Almadén. Cosas de barrer y fregar una vez al mes.
En fin, que el piso no estaba mal, pero ha quedado aún mejor. Como os comentaba, el siguiente paso es ir a comprar comida, porque con medio pan de pagès, un trozo de fuet y varias cervezas no cenan tres personas. En el Caprabo nos hemos aprovisionado de pollo, verduras y ensalada y hemos preparado una cena que ríete tú de Ferran Adrià: Ensalada variada con sardinas en escabeche y pollo a la plancha con sanfaina. Rico, rico.
Para acabar, nos hemos tomado el café que os ha ofrecido este post, hemos inaugurado la botella de White Label con mucha moderación y hemos escuchado música con el Spotify. Ahora que lo pienso, en toda la noche no hemos escuchado ni un anuncio, curioso. Hemos acabado mirando
vídeos de youtube, el episodio del domingo de American Dad! y luego ellos se han marchado con el señor Renfe.
A ella le gusta la ca-fe-ína
Dame más ca-fe-ína
Una foto de Neus, para acabar
El resto,
en FlickrMe voy a leer algún paper experimental de DNA, a ver si me quedo sopa. Joder, si sólo de pensar esta broma ya se me cierran los ojos. Bona nit.
* Comida colectiva: Dícese de juntarse los cuatro gatos del despacho para ir a comer, en lugar de dividirse en los grupos habituales. La comida propiamente dicha consiste en ir a un restaurante a comer de menú.